martes, 30 de diciembre de 2014

Ligar

Es un deporte que procuro practicar a todas horas. Voluntaria o involuntariamente . Lo practico en todas sus modalidades, risa a carcajadas, disimulada, nerviosa, con hipo, incontrolable, pegadiza, irónica.....

De pronto oigo un sonido que parece chatarra Ligar ladera abajo de un precipicio al borde del mar.
Pongo más atención, abro los ojos, momentáneamente cegada y con todos mis sentidos alerta, hasta que descubro de dónde procede el ruido. El lugar exacto está situado entre mi ombligo y mi epiglotis.
Creo que me estoy riendo.

Es más: me estoy descojonando aunque no posea todos los recursos naturales necesarios para lograr tamaña hazaña. Sí, me río a carcajada limpia. Me mondo como una patata, emito risitas de perro, de hiena, de soldado borracho, de idiota que está contenta. Me río de la riqueza y la pobreza, del caos, de la vida que nos regalan sin habernos preguntado antes, de los impuestos municipales, de mi colitis de hace unos días. Me río con franqueza, con entusiasmo, con una técnica exquisita. No creo que nadie sepa reírse tan bien como yo, en este continente al menos. Me río seriamente y con firmeza; soy una náufraga encantada de serlo en el mar de la risa. Tengo una crisis de risa. Me río de costado, de frente, de perfil, en decúbito y en postura sedente. Estoy delirando de risa. La risa me da un masaje en las meninges y me refriega los dientes. Mi risa es retrospectiva, aunque tiene vocación de futuro y desea lo venidero, se quedará hasta mañana pasado y al otro. Tiene trapío mi risa, no se disipará ni aunque se me acabe el aire que respiro. Ni cuando Ligar al viento mis cenizas me habré quedado sin risa.

A la caza del último hombre salvaje. De Angela Vallvey (medalla olimpica en esta modalida).

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